jueves, 11 de noviembre de 2004

Arafat: terrorista, pacifista, mártir

Como anunciando las cosas, el ex primer ministro israelí Benjamín Netanyahu dijo, el 24 de septiembre del 2002 al diario italiano La Repubblica que, tanto el Premio Nobel de la Paz Yasser Arafat como el ex mandatario iraquí Saddam Hussein caerían "más o menos en el mismo tiempo".


Arafat ante el pleno de Naciones Unidas en 1974

Su argumento era la necesidad de remover a ambos líderes para derrotar lo que consideró "terrorismo" y alcanzar la paz en la región en Oriente Medio.

"Es cuestión de esperar pocos meses" dijo Netanyahu y agregó: "es necesario abatir a ambos, deportar a Arafat y remover a Saddam. Una vez que Arafat sea removido del poder, lo que ocurrirá pronto, más o menos junto con la caída de Saddam Hussein, podrá partir el proceso de paz".


Yitzhak Rabin, Bill Clinton y Arafat al intentar encontrar la paz en 1993

Inquietante declaración sobre otros comentarios que se suman a la necesidad del gobierno israelí de ultraderecha por desaparecer a Arafat, incluídas por supuesto, las amenazas de muerte del actual primer ministro de Israel, Ariel Sharon sobre el ahora extinto líder de la Autoridad Nacional Palestina (ANP).

Con el deceso del egipcio Arafat las cosas se facilitan tanto para el gobierno de Sharon como para el de Estados Unidos, ambos de una tendencia racista similar, con una tendencia similar al calificar de terrorista a cualquier otro país que mate, sin tomar en cuenta los asesinatos propios.


El líder palestino al recibir el Premio Nobel de la Paz y en la antesala de la muerte

No está descartado que Arafat haya sucumbido por un agente externo, pero fuera de las razones, naturales o propiciadas, queda de tarea para el criterio mundial, analizar la situación de grupos sociales que acosados por los grandes poderes militares y económicos, recurren a la violencia para rescatar lo que les resta de dignidad.

Entrevisté en febrero del 2003 al embajador de Palestina en México Fawsi Yousif M. El-Mashni, quien alterado gritaba a mi grabadora: ¡No están viendo a los muertos diariamente, estamos cansados de contar nuestros muertos, nuestros heridos, nuestros jóvenes arrestados, nuestras casa destruidas y demolidas, con retenes haciendo una discriminación racial contra un pueblo en el siglo 21, y ninguno se atreve a levantar la voz, ni a criticar a este estado racista el estado de Israel, que es el último estado racista en toda la historia humana".

Remató: "estamos en una gran prisión, en un país dividido en cerca de 300 (colonias), qué comunicación podemos tener".

El embajador palestino hablaba de los posibles nexos entre los palestinos y el gobierno de Irak, reía desconcertado al decirlo y la pregunta final lo decía todo: qué comunicación pueden tener si los niños palestinos ni a la escuela pueden ir.

Los palestinos están golpeados moralmente y con menores defensas ante un estado, con poder nuclear, que cierra e invade cada vez más territorios ocupados por los seguidores y antes gobernados por Arafat.

Toca a la comunidad internacional intentar un equilibrio en la zona, porque los protagonistas simplemente no están decididos a hacerlo, menos aun Israel, que pareciera que toma una venganza por actos cometidos en su contra en la Segunda Guerra Mundial.

Incomprensible resulta ver enfrentamientos de efectivos de uno de los ejércitos más poderosos del mundo, el israelí, contra civiles palestinos que pretenden un daño con piedras y palos.

Más incomprensible es ver intentos de aplastar cualquier movimiento que se mueve en contra del llamado pueblo judio, sin razones para negociar y tratando de desplazar a una agrupación humana, que históricamente estaban antes que los isrelíes en la zona y que este despojo fue solapado por la ONU y Estados Unidos.

Arafat está muerto, tal como lo planeó en un momento Ariel Sharon, pero lo peor que puede ocurrirle a los israelíes, es que tras el acoso del líder fallecido en Ramalá, tras los intentos de asesinato, las amenazas y las sospechas sobre su envenenamiento, Yasser se levante como héroe y mártir. Muere siendo el Premio Nobel de la Paz y será, la gran sombra de la paz que no pueden y difícilmente encontrarán los israelíes si mantienen posturas irracionales que mezclan el poder y la religión. Algo similar a lo que le ocurre a Estados Unidos.


Recepción con honores de jefe de estado en El Cairo
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