El primero de ellos es:

¿Qué tal?, lamento no tener un recuento de justificantes para demostrar que mi slogan tiene razón, pero qué importa. Si es o no un "milagro", da igual si digo que es un "peligro"... no tengo pruebas, e insisto, no intenten cuestionar la expresión... y por consecuencia, la libertad para ponerlo.
Aquí va el segundo:

Las conclusiones quedan en el amable internauta, o en su defecto, en el bonito público conocedor que hoy nos acompaña.
Advierto que: quien crea en esta campaña debe saberse descaradamente manipulado.